Noche, lúgubre manto,
que cegándonos tanto,
nos cubre en un espectáculo
de caricias con doble intención,
Noche, oscura y fría,
acogedora y tibia,
donde descansan las almas de los solitarios,
que en una paradójica contradicción
se acompañan con sus propios lamentos,
lamentos que se ven reflejados
en la tenue luz de la luna…
Ese reflejo llamado eco,
no es acaso la esencia de la verdadera voz,
porque cesa la euforia y llega la calma,
y esta es la verdadera causa del sufrimiento,
el oír su propio llanto, en ese solitario manto,
convirtiéndose en incesante canto,
porque susurrar es hablar alto,
pero solo para el alma
que se da cuenta que con solo la calma…
Es la forma de morir despacio
y en una estrella dejar testigo
en el negro espacio.
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